QUINTA DA REGALEIRA
MANSION FILOSOFAL Y OBRA TOTAL
“The idea is more than you realize.
If you’ve been true to the idea in the first place,
after some years go by, you can get even more of it”.
David Lynch
A finales del siglo XIX, en la localidad portuguesa de Sintra, el célebre comerciante brasileño Carvalho Montero, junto con el arquitecto y escenógrafo italiano Luigi Manini, construye en su propiedad de la Regaleira su soñado proyecto de “mansión filosofal”: el Palacio da Regaleira.
Conocido también como La Quinta da Regaleira, y ubicado sobre el flanco de una colina boscosa típica del paisaje rural de Sintra, el proyecto muestra un estilo ecléctico en el que predomina el revivalismo romántico de la época. En esta propiedad de unas cuatro hectáreas, ahora clasificada como Patrimonio Mundial por la UNESCO, Carvalho logró crear una obra, no sólo de gran valor arquitectónico sino de altísimo interés filosófico, marcándola de su pasión y agudo conocimiento de las ciencias esotéricas, de la alquimia, la masonería, el espíritu de los Templarios y de su profunda religiosidad. Tanto la parte baja, donde se erigen los dos principales edificios del conjunto (el palacio y la capilla de la Santísima Trinidad), como los empinados senderos serpenteantes, grutas, fuentes y edificaciones de la parte alta están llenos de códigos secretos y alegorías, de signos sagrados y de alusiones mitológicas. De estos jardines y edificios emana así un gran misterio y una profundidad filosófica y metafísica que deja en el visitante una inquieta sensación de curiosidad al descubrir el lugar y presentir que entre los muros, detrás de las piedras e inclusive bajo la tierra, hay una dimensión oculta y una profundidad secreta que probablemente nadie podrá aclarar completamente.
A pesar de su eclectismo arquitectónico, de la multiplicidad de sus elementos y de las diferentes corrientes filosóficas que contiene, la percepción que se rescata de la Quinta da Regaleira es la de un proyecto íntegro, concebido como una obra conceptual total de innegable unidad. Absolutamente todos estos elementos, que tratados de manera torpe quizás aparecerían como dispares, conspiran aquí para crear esa impresión de misterio y profundidad, que nos lleva a reflexionar sobre las lecturas ocultas que el lugar contiene.
La ubicación misma del proyecto está cargada de espiritualidad. Sintra, por sus emanaciones telúricas, fue una tierra mítica para muchas civilizaciones druídicas; es conocida como el promontorio de la luna por su cercanía con las estrellas (ilusión que da la sierra al levantarse abruptamente sobre la planicie) y tiene un estatuto de templo sagrado gracias a que en ella confluyeron diferentes creencias y se establecieron diversas órdenes religiosas. El relieve accidentado de la Quinta da Regaleira, con sus aflores de granito, sus árboles milenarios y sus brotes de niebla densa durante el alba, participa del misterio y permite la puesta escenográfica llena de sorpresas para el visitante que concibieron Manini y Carvalho. Su arquitectura, su refinada y eclética decoración, sus torres de vigilia, sus estatuas, jardines, fuentes, sus estanques y apacibles cisnes, sus grutas frías y oscuras, todo converge y conspira para lograr el objetivo de espiritualidad y misterio.
Si tenemos la suerte de recorrer y experimentar el jardín comenzamos a involucrarnos en una experiencia personal de búsqueda de significados y de reflexión acerca de la posición del hombre en el mundo. El jardín nos invita, inclusive, a penetrar en las entrañas de la tierra por medio de su sistema de túneles y cavernas a manera de vuelta al útero, de recorrido iniciático, donde quedaremos al desnudo, confrontados con nuestro propio ser. Los túneles nos acercan uno tras otro a los cuatro elementos: el agua de los estanques, el aire por las corrientes de viento que penetran desde el exterior y la tierra de la profundidad de las grutas. Culmina el recorrido con el cuarto elemento, el fuego, que descubrimos al salir de la oscuridad de los túneles y encontrarnos en el fondo de una torre invertida, encandilados por la luz del día que nos ilumina desde la superficie que nos espera treinta metros más arriba. Al igual que un alquimista que transforma el metal vil en oro, el jardín nos purifica y sublima. Subimos los peldaños de la torre y redescubrimos la superficie y los placeres que nos ofrece este paraíso terrenal como hombres nuevos e iniciados.
Proyecto total, proyecto que se enriquece con la vivencia y la interpretación que le da cada visitante, la Quinta da Regaleira es definitivamente una obra de arte de las grandes. Un proyecto ejemplar, pensado como un todo y en el cual los elementos, tanto en su lenguaje y forma como en su dimensión metafísica, fueron creados y escogidos en función del objetivo final de Carvalho, el de crear la “mansión filosofal” que nos permite trascender el mundo inmediato y acceder a los secretos que esconden la naturaleza, el pensamiento y el espíritu humano. En el palacio da Regaleira Carvalho se acogió a su gran idea, fielmente la materializó y se la ofreció al mundo. Hasta ahora, sigue enriqueciéndose, madurando y revelando cada día nuevos significados.
Bernard Sasserath – paisajista
Noviembre 2009 |