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Paisaje Olvidado

joanna cruz rehaag

ced. 105250554

ecopaisajismo@gmail.com

 

Hoy cierro el diccionario y abro mis sentidos para definir paisaje. Me desligo de toda definición técnica o intento de definición aceptado o no, y me atrevo: ¬"-paisaje es lo que percibimos como la esencia de nuestra identidad natural y cultural. Es lo que da esa necesaria y segura sensación de pertenecer. Es el escenario donde transcurre la vida, el espacio vital para el desarrollo de todas las especies que habitamos el planeta. Paisaje es el escenario donde se ha desarrollado la humanidad con sus costumbres desde siempre, esculpiendo la historia, dejando así su legado para futuras generaciones.-" Por eso es que, paisajes hay muchos, tantos y más. Los hay para todos los gustos pero no para todas las necesidades.

 

La mayoría de los costarricenses, al pasar por la zona de Pacayas, sabemos, sentimos y nos damos cuenta que estamos ante un paisaje agrícola casi poético, que nos gusta, y que disfrutamos porque nos sentimos identificados.

 

Si viajamos, nos maravilla una ciudad como Shanghai, que por su planificación urbana y altísimos edificios ofrece un paisaje diferente; abrimos la boca, pero no nos identificamos, no sentimos esa sensación de pertenecer que solo nos la dan nuestros propios paisajes.

 

Cuando paseamos dentro del país, actividad cada vez menos frecuente entre los costarricenses por varias razones, solemos detenernos en algún mirador a contemplar el paisaje que nos deja sin aliento. Se nos pasan los minutos u horas contemplando distintas topografías, distintos verdes o azules, majestuosos arboles o atardeceres, ríos y mares… En Costa Rica aún gozamos, aunque cada vez menos, de ese privilegio.

 

La amplitud del paisaje que disfrutamos, esa gran escena que el ojo humano puede captar, lo determina la distancia y el ángulo de visión. El cerramiento o reducción de esa escena se debe a obstáculos. Obstáculos que, permitidos o ilegales o impuestos favoreciendo la transculturización y en muchos casos en detrimento de nuestra integridad, invalidan parte del derecho constitucional a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado.

 

Ya casi no podemos disfrutar de una montaña sin que se nos interponga un monstruo de lata sobre patas de concreto con un mensaje ilegible si vamos conduciendo o imposible de leer si caminamos. Muy pronto seremos abusados por la inundación de torres que no solo dañaran el paisaje, afectaran el valor de nuestras propiedades, sino que también arriesgará la salud de la población, a pesar de que los agentes de SUTEL argumenten que las microondas no perjudican… y no perjudicaran hasta que a alguien se le escape so pena de aparecer misteriosamente sin signos vitales en alguna habitación de algún hotel, o que wikileaks nos corrobore las dudas que tenemos millares de personas en el mundo acerca de este tema. Mientras tanto a muchos nos dañara sicológica y emocionalmente el simple hecho de que las instalen.

 

Desafortunadamente, el disfrutar de un paisaje hasta donde nos alcanza la vista, se reduce cada dia más. Tratemos de tomar una fotografía de un paisaje que nos llame la atención sin que, en el encuadre perfecto, para la foto perfecta, se nos atraviese un cable eléctrico, un poste, una valla publicitaria, una torre de telefonía celular, en el mejor de los casos, o ser víctimas del hampa y que nos roben la cámara, donde se derivan dos posibilidades; salir ileso pero sin cámara o salir en los diarios también sin cámara pero acompañando con nuestra foto el texto: Así era.

 

Disfrutar del paisaje es un derecho de los seres humanos, un derecho que tenemos los costarricenses y que vamos perdiendo sin darnos cuenta, al igual que nuestros valores éticos y morales, cegados por el consumo y el desarrollo del homus oeconomicus. Un dia, simplemente un día, sin poder hacer algo, y solo si logramos recordarlo, entenderemos la magnitud de la pérdida.

 

Estamos cambiando el paisaje natural, el paisaje agrícola, el paisaje de montañas llenas de vida, el paisaje de maravillosas playas, por paisajes cada vez más ajenos al vernáculo, paisajes con los que no nos identificamos, lleno de edificios "bien diseñados" en el extranjero, jardines exóticos, montañas arrasadas, despojadas de toda vida y potencialmente peligrosas. ¿A quién le importa? ¿Alguien se da cuenta? Una vez alguien dijo, al pasar por el peaje de Escazú, que le parecía estar entrando a otro país, y lo dijo con cierto aire de admiración.

 

Muy a mi pesar siento que en Costa Rica no hay una normativa capaz, ni voluntad política suficiente para controlar estos cambios e impedir la pérdida de paisaje que avanza tan rápido que ni cuenta nos damos.

 

Al paisaje, ese escenario de nuestras vidas, se le hace urgente que lo entendamos y lo respetemos como un derecho que tenemos los seres humanos y nos obliguemos a valorarlo y conservarlo para que no se convierta en Paisaje Olvidado.

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